HÉRCULES: ¡Uh qué susto!... ¡Don Marco Ulpio qué es esto!...
TRAJANO: Tranquilo Herculito... sólo es una farola fernandina... artísima.
HÉRCULES: Sentime por momentos
la increíble estatua menguante...
TRAJANO: Sólo es una cuestión de gálibo...
HÉRCULES: ¿Galipo?... interfiere la trayectoria parabólica quizá...
EL VECINO DE ARRIBA: No se cuelen ustedes que esta vez no medió esputo... lo juro por todos los sevillanos y todas las sevillanas...
arenar de Sevilla y olé, torredeloro... buenos días ante todo.
TRAJANO: La madre que lo parió, buenos días, comentando la lamparita.
EL VECINO DE ARRIBA: ¡¡¡Una
lámpara maravillosa vivedioch!!!...
para todos los sevillanos y sevillanas...
5 comentarios:
Me pasa una cosa...
no sé a ustedes...
Cuando paseo por la Avenida...
entre que los vencejos vuelan bajo
(y no es que haga un frío der carajo,
es que ya no hay ortobuses de tussam...)
y que las farolas (o postes fernandinos) son enormes...
me parece estar menguando como Alicia...
en el país de las maravillas...
y sin motivo aparente para llamar al bombero pertiguero... ¡Todo un hallazgo!
PD...lo siento el subsconciente me ha traicionado...
¡¡Grande el bombero pertiguero!!
Agora el calzador de vías entra en acción.
saludos
Antonio
Déjate de pájaros y pásate por casa. Ya verás lo que he aprendido de inglés.
Es una sensación compartida amigo Falserío... Es muy probable también que los vencejos hayan aprendido a anidar en las alturas fernandinas... o que la luz entre por el rosetón gótico...
Menos mal que nuestra amiga Glauca nos ha recordado al bombero pertiguero...
Un abrazo.
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