29 agosto 2007

Trilogía kanutera (y III)


6 copas y un funeral

11 comentarios:

eres_mi_cruz dijo...

En el mismo momento en que nacemos y en algún lugar de este u otro mundo, la madre naturaleza deja preparada una cama que ella misma nos hace con cariño.

La "trilogía kanutera" fue el resultado de un estado de euforia y alegría contagiosa, un optimismo desbordante que daba por ganados los tres títulos que el Sevilla disputaría este verano... la inocencia de una afición que por fin descubría ilusionada a qué sabía la gloria del triunfo.
Todos estos sentimientos eran el sevillismo actual y Puerta era su imagen.

La muerte
El reloj marca la hora final. Antonio Puerta se incorpora muy trastornado tras la primera llamada y se queja impotente..."la puta madre, ahora me van a sacar"...
Con la misma determinación que un día lo despertó y lo puso en Nervión, la madre naturaleza ya le ha destapado una esquina de su cama.

UNO DE LOS NUESTROS.
Descanse en paz.

San Isidoro dijo...

Amén.

eres_mi_cruz dijo...

...un hado demasiado cruel

San Isidoro dijo...

Parece imposible que el sábado, antes del partido, estuviésemos pensando en la Supercopa y que hoy esté pasando esto.

eres_mi_cruz dijo...

"...saeta que voladora
cruza arrojada al azar
sin adivinarse donde
temblando se clavará..."

G.A.Bécquer, Rima II.

romanticismo sevillano...
muerte de un Quijote becqueriano...

MaeseRancio dijo...

Quién te iba a decir a ti que ibas a acabar la trilogía kanutera de esta forma...

Dama de sevillano nombre dijo...

La unión entre béticos y sevillistas es muy hermosa.
Yo, que tengo sangre verde de cuna, estoy triste, y orgullosa de la actitud de mi equipo.
Os llevó tantas veces al cielo que decidió quedarse.

Glauca Maria dijo...

Descansa en paz, Antonio.

el aguaó dijo...

Hoy Sevilla es una sola afición.

Que Descanse En Paz.

Un abrazo amigo.

canalsu dijo...

Es emocionante.

canalsu dijo...

¡Quillo, espabílate!

A ver cuando viene esa amenaza representada en la mujer luminosa del Superagente 86.

Por cierto, que veo a tus dos viejos inquietos, ¿no estarán acojonaos por ese tranvía?